Esconjuramiento

Santa Bárbara bendita.
Que en el cielo estás escrita con papel y agua bendita.
Líbrame de las centellas y del rayo que crepita.

Esconjuramiento aragonés. Popular

domingo, 19 de noviembre de 2017

La morica encantada del Arco de la Hoz



De esta encantaria tenemos constancia desde tiempos medievales.
Tenemos la leyenda perfectamente localizada en la localidad de Frías de Albarracín.
Muy cerca al barranco de la Hoz, pastoreaba un mozo con sus ovejas. Era un buen lugar con buenos prados para el apacentamiento del ganado y el mozo solía llevar allí a las reses.
Allí mismo junto al barranco hay una pequeña balsa a la cual el pastorcico una mañana se acercó para beber agua.
Cuando se agachó para beber agua, contempló en el reflejo de la misma una imagen que jamás olvidaría.
Una preciosa muchacha se reflejaba sobre él.
¡ Era una preciosa mora !
Se asustó y se giró para poder verla bien. Era una muchacha joven de pelo y ojos negros y expresión triste.
La chica vestía con sedas claras y llevaba en el pelo una gran peineta que parecía ser de oro y piedras preciosas. Una peineta digna  de la más poderosa de todas las reinas moras.
El pastor se quedó inmóvil. Sin saber cómo reanimarse ante aquella visión y la morica, viendo la reacción del chico, le preguntó:
Pastorcico. Qué te gusta más… ¿ la peineta o yo ?”
El pastor, simplón como era, que no podía apartar la vista ante aquel tesoro dorado, le contestó:
A mí… me gusta mucho tu peineta…”
Y en lo que dura un parpadeo, la preciosa mora desapareció ante los ojos del mozo.
El muchacho terminó el día de faena como pudo… Sin dejar en ningún momento de acordarse de aquella muchacha y de la peineta de oro.
¿ Habría ocurrido todo realmente…?

Balsa en el Barranco de la Hoz

Con estos pensamientos, el pastor se marchó a dormir y al día siguiente, pastoreando la zona, en la misma balsa, se le volvió a aparecer la muchacha.
Allí estaba ante él. Con aquella singular belleza y con aquella peineta que relucía y reflejaba los rayos del sol tornándolos multicolor.
La morica preguntó al pastor lo mismo que el día anterior.
Lo mismo.
Pastorcico. Qué te gusta más… ¿ la peineta o yo ?”
El pastor, también asustado en esta ocasión tan solo pudo balbucear:
La peineta… es… muy bonita…”
La mora desapareció de nuevo. En esta ocasión el mozo sabía que no había soñado nada y estuvo rondando por la balsa intentando encontrar a la muchacha pero sin éxito alguno.
A la mañana siguiente el pastor se dirigió a la balsa directamente y tal y como él pensaba, la morica apareció al poco rato y le volvió a realizar la misma pregunta de los días anteriores.
Pastorcico. Qué te gusta más… ¿ la peineta o yo ?”
En esta ocasión el pastor recordó leyendas sobre moras encantadas que te ofrecen la probabilidad de conseguir grandes tesoros. ¿ Y si la fabulosa peineta era uno de estos tesoros moros ?
¿ Y si la morica no era otra que la mora encantada de la cercana Fuente Mentirosa que le estaba dando al joven la posibilidad de hacerse rico ?
El pastor no dudó ni un segundo y con estos pensamientos en la cabeza le dijo a la muchacha:
“¡ La peineta ! ¡ Me gusta mucho esa peineta !”
La morica rompió a llorar amargamente y poco a poco se fue difuminando en el aire para no volver a aparecer nunca jamás.
Ahora el joven comprendió lo ocurrido.
Pero ya era tarde.
En efecto la morica era una mora encantada y probablemente que guardase un tesoro como todas estas encantarias de las leyendas... pero sin embargo el pastorcillo no supo romper el hechizo que la ataba.
Probablemente… condenándola para siempre.

Casi imposible sucumbir a los encantos de las moricas aragonesas

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